Borrar un nombre

Composición artística de Nonardo Perea
Composición artística de Nonardo Perea

 

En Cuba, todo lo que pueda resultar novedoso, ya sea en la literatura o en otros medios de expresión, como la fotografía, o cualquier acción artística performática, siempre que sea innovadora y provocativa, puede ser un blanco perfecto para recibir censura.

Porque en la actualidad, a algunos de los que tienen la potestad de valorar cualquier tipo de arte, por mediocridad, les resulta difícil abrirse a nuevos conceptos, a cambios que son inevitables, y a digerir ciertos procesos creativos, ajenos a sus intereses o gustos. Supongo que esto se debe a la falta de libertad y de información inmediata, y al desconocimiento de lo que se hace en otras partes del mundo.

Ligado a esto está el temor a ser “mal visto” por ciertas instituciones que en el arte no quisieran ver el reflejo de una realidad, o sea, ningún vestigio de crítica social o temas marginales. Aunque sí se han realizado exposiciones de arte con estas características, en la curaduría no han quedado fuera la polémica y la censura. En lo personal, algunas de mis obras fotográficas han sido calificadas de subversivas, y condenadas a la no existencia.

Y no solo mi obra fotográfica ha recibido los palos, mi literatura no ha quedado exenta, mi nombre ha sido obviado por completo. Cuando se habla o se escribe de literatura gay en el panorama cubano actual, no existo.

Ya no solo se trata de censurar una obra, sino de convertir a un autor en un ser completamente marginado, y lo consiguen no publicándote, no haciendo reseñas sobre tus libros, no aceptando tus cuentos en las revistas; no dándote premios, ni siquiera menciones.

La táctica es borrar un nombre. Con este procedimiento, nadie tendrá la posibilidad de conocer tu obra, siempre serás un desconocido, en tu propia patria.