Algunas razones por las que Cuba no crece

A pesar de sus supuestas altas tasas de embarazo, desde hace años el crecimiento de la población cubana se encuentra en un período de estancamiento. La respuesta tal vez se derive del elevado número de abortos que todos los días se practican en los hospitales.

Gracias a las visitas a dos centros de maternidad de La Habana, pude comprobar el número de mujeres que acuden diariamente a interrumpir la gestación por diferentes motivos.

Maternidad de Línea. Foto: cortesía de panoramio.com
Maternidad de Línea. Foto: cortesía de panoramio.com

En el hospital enclavado en la avenida 31 del municipio habanero de Marianao, uno de los más importantes de La Habana, la cola en la consulta de Planificación Familiar, entidad encargada de autorizar el aborto, siempre está repleta. El motivo principal no es otro que la realización del “legrado”, es decir, el raspado de útero para despegar de sus paredes al feto y troncharle la existencia.

Luisa, de cuarenta años, y vecina de la calzada 51 y 116, comenta que es la segunda vez que acompaña a su hija Vanesa, de 17 años, a interrumpir un embarazo no deseado.

“Como Vanesa, varias muchachitas de su escuela que conozco ya han pasado por aquí, para lo mismo. La juventud no quiere utilizar el condón, no se protegen, no piensan, y estas son las consecuencias. Es imposible que Vanesa tenga un hijo sin terminar la escuela. No hay economía para eso, ni espacio habitacional. El equipo médico se niega a colocar anticonceptivos internos luego de la interrupción. Hay que sacar otro turno en otra consulta, otro día, pero las muchachitas se olvidan del tema y no quieren volver por aquí. No es raro que luego tropiecen con la misma piedra”.

Mayra, ama de casa del barrio Los Pocitos, acompaña a su hija de 15 años a una interrupción y reconoce que duele ver la cantidad de jóvenes que pasan todos los días por esa consulta.

“Shakira ya tiene un hijo. El padre es casi un niño, como ella,y no puede ayudar en la manutención porque no trabaja y su familia tampoco quiere hacerse cargo. He tenido que batirme sola, como si hubiera parido de nuevo, porque aparte que la niña no sabe hacer nada en la casa, quiere seguir con la misma vida de discoteca y playa… y yo cuidando la criatura. No puede ser, este de ahora no nace”.

En el centro hospitalario Maternidad de Línea, la consulta de la sección de planificación familiar también aparece llena de mujeres.

“Deberían prohibirlo”, dice Carolina, que trabaja en un centro gastronómico en el Vedado. “Pero sería un atraso, un caos, casi todas las jóvenes que vienen aquí han metido la pata, y no quieren, o no pueden tener un hijo. En mi casa somos ocho y hay solo dos habitaciones. Es imposible”.

La doctora Emilia, psicóloga de la institución antes mencionada, accede a profundizar en el tema desde el punto de vista científico:

“En Cuba existe un problema de desatención social a las adolescentes, que provoca como efecto un número creciente de familias disfuncionales. Muchas jóvenes salen embarazadas sin preparación para este importante evento de la vida. Desde mi perspectiva, las causas principales son la poca atención especializada o la falta de programas educativos. Además, las niñas viven en un contexto social, económico y familiar desfavorable, tienen relaciones sexuales precoces, hay promiscuidad, y al mismo tiempo, provienen de padres divorciados o tienen mala comunicación con ellos, lo cual también influye. Las jóvenes queman etapas debido a las pocas perspectivas de futuro que la sociedad les ofrece”.

Caridad Venegas es otra madre preocupada por el futuro de su hija Karina (18 años), que carga en su vientre un embarazo improbable. Ambas provienen del barrio La Timba y se quejan de la pastilla Misotropol, llamada popularmente: “la bomba’, encargada de acelerar la desintegración del feto.

“Los médicos indican colocarla en el útero un día antes del legrado, para los embarazos con tiempo de riesgo. La utilizamos en el embarazo anterior, porque la niña ya tenía doce semanas y el feto estaba muy grande. Aquello nos dejó traumatizadas. Además de los fuertes dolores que sufrió Karina, la criatura comenzó a despedazarse y a salir… tuvimos que recoger los pedazos en una palangana”.

Una anciana que vendía pasteles en la puerta del centro materno, también accedió a dar su opinión:

“Desde bien temprano las veo, entran llenas, pero salen vacías y desgarradas. Esto parece un verdadero matadero sin orden ni control. Muchas alegan que no tienen casa, que no poseen los recursos para criar a sus hijos por lo duro de la vida y la insolvencia. Antes no era así y todavía dicen que se vivía peor. ¿Qué cómo era antes? Paríamos y ya. ¿Tú no sabes que es más fácil parir que hacerse un legrado? El parto es un hecho natural, en cambio el legrado es a ciegas, una cuchilla raspando. A veces las muchachitas me dicen: ¿Y todas las cosas que hacen falta para criarlo? Y yo le respondo: ¿Te lo has preguntado tú alguna vez, todas las cosas que hicieron falta para criarte? Y les cuento que mis padres me dieron una vez la oportunidad de nacer y la aproveché al máximo: ochenta años, nueve hijos, treinta y seis nietos, once bisnietos y una caja de pasteles diaria. ¿Por qué no pueden hacer lo mismo y dejar que Cuba crezca?”.

Autor

Guantánamo, 1963. Escritor y periodista independiente. Ha obtenidos diferentes premios internacionales en literatura y periodismo, entre los que destacan el Concurso Novelas de Gavetas Franz Kafka, organizado por Libriti Prohibiti de la República checa y los premios de reportaje Emilio Alejandro Núñez 2015 y el Hypermedia 2016, en España. Es miembro de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba.

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