Grafitis que inundan la capital

Los artistas de incógnito no dejan de presentar los más disímiles retazos en las paredes habaneras a punto de derrumbarse. La imagen de la esquina de Subirana y la avenida Carlos III es, sin duda, uno de los más logrados. ¿Una manera de escapar de la realidad cotidiana? ¿Una crítica al modelo cubano? Quién sabe…

Grafiti habanero. Foto: Mario Hechavarria Driggs
Grafiti habanero. Foto: Mario Hechavarría Driggs

Una de las obras de tres por dos muestra a un encapuchado con esa libreta de abastecimiento en su pecho, condena eterna de una economía, por ahora, lejos de cualquier posible mejora a corto plazo. Le acompañan números igualmente imposibles à la Orwell: 2+2=5, quizás sea una clave para recordarnos que en este país la sencilla aritmética escolar es también un sinsentido porque “la cuenta no da”, como dicen los cubanos.  Quizás sea una manifestación visual sobre la imposición de lo que debe ser aceptado.

Reflexionar en Cuba es peligroso.

Otros dibujos se combinan en áreas mayores, conformando auténticos murales. En la calzada de Infanta el atrevimiento llegó hasta la sacrosanta figura del Che Guevara, un Ernesto más diablo que santo, “calentado” con el agua, elixir de la vida.

Una paciente observación exige pensar sobre estas imágenes convertidas en enigmas por evidente deliberación de sus anónimos autores. ¿Defensa propia o forma de evitar la censura dentro de este enredo armado a lo largo de seis décadas revolucionarias?

La mayoría de la gente pasa sin detenerse a mirar y quizás la razón sea de lo más sencilla: los ojos no ven cuando la mente está ausente. Sin embargo, aquellas personas que por alguna casualidad dirigieron los ojos hacia una de las tantas imágenes, desde entonces no han dejado de mirar. No les importan las ratas circundantes y, menos aún, el que estas paredes inevitablemente puedan caérsenos encima de un momento a otro.