Me siguen en cada paso que doy

Tania Reyes
Tania Reyes

La verdad es que no se qué relato de mi vida contar sobre represión psicológica, puesto que desde que comencé a interesarme por nuestros derechos y cómo hacerlos valer, comenzaron a llamarme contrarrevolucionaria y a hacerme la vida imposible. Ellos comienzan a hacerte la guerra desde dentro de la propia familia, utilizan a las personas que te rodean (vecinos, amigos, conocidos), lo que te lleva a desconfiar de todo el mundo hasta volverte paranoica; nunca sabes si las personas que están a tu lado realmente te apoyan o están siendo utilizadas para en cualquier momento incriminarte por algo.

Podría contar cómo mis hijos fueron discriminados en la escuela porque “sus padres eran contrarrevolucionarios”, o como mi hija fue rechazada para la escuela de gimnasia, a pesar de tener las aptitudes porque “no podría representar a la escuela como pionera”.

Podría contar también que apenas me puedo mover en mi propia provincia porque muchas veces me siguen en cada paso que doy. Si viajo a otra provincia me bajan del ómnibus o en el caso que llegue al lugar me detienen y me devuelven a mi provincia, como en septiembre de 2016, cuando viajé a Pinar del Rio a un encuentro con los colegas del grupo Convivencia al que no pude finalmente asistir.

En conclusión, desde el año 2003, cuando comencé a trabajar como activista en bibliotecas independientes y con mi proyecto comunitario Nueva Esperanza, he vivido en un constante estrés. Sufro dolores fuertes en el pecho, trastornos en el sistema digestivo, taquicardias, mareos y dolores de cabeza, que me obligan a consumir medicamentos, aunque procuro tomarlos solo en momentos de crisis.