Cambios en los transportes

En los últimos días, los habaneros han notado una mayor cantidad de ómnibus circulando, lo cual alivia el humor y disminuye la cantidad de gente en las paradas. El fenómeno, sin embargo, tiene su historia.

Autobuses en Cuba. Foto: Iris Mariño
Autobuses en Cuba. Foto: Iris Mariño

El motivo del incremento del parque automotor fue la tensión generada por un reciente tarifazo a los taxis particulares -muchos de ellos emblemáticos autos americanos de los años ’50- que comenzó a afectar profundamente el bolsillo de sus choferes. La medida no se trató de otra cosa que de establecer precios máximos sobre distancias y recorridos. En un primer momento, las opiniones estuvieron dividas entre los que expresaban que la medida era abusiva y los que argumentaban que era justa.

A modo de protesta, los taxistas contemplaban la posibilidad de no salir por varios días, y se rumoraba que darían un ultimátum de “Cero Carros” un lunes día pico, y así paralizarían la capital. La huelga de taxis finalmente no se efectuó debido a la falta de un sindicato que la organizara y al miedo de los choferes a las posibles represalias, pero la amenaza sí dio algunos frutos.

El gobierno, de manera inesperada, puso a circular varias guaguas que aparentemente tenía bajo la manga, en parte para suplir una eventual carencia de transportes. Los taxistas, entonces, tuvieron que hacerse el harakiri y asimilar la medida, puesto que podían ser, de un momento a otro no, menos solicitados que de costumbre.

Pese a lo que podría pensarse, la aparición de las nuevas guaguas, además, ha traído malas noticias para los habaneros: el encarecimiento del transporte urbano. De los cuarenta centavos tradicionales, este se ha elevado a un peso.

Las nuevas guaguas chinas (pero ensambladas en Cuba) ahora aparecen por todos lados. Al igual que otros transportes de proveniencia china que cubren rutas más extensas, los taxi-buses agrupados en cooperativas cuestan ahora cinco pesos, y todavía sufragan buenas sumas diarias al estado. Para recortar sus gastos, la inventiva cubana se ha activado en varios de los rubros transportistas y ya los choferes han pensado alternativas que los benefician; el problema está, en apariencia, medianamente resuelto para una gran parte de los trabajadores.

Ahora bien, quienes de verdad quedaron en desventaja en medio de este río revuelto del transporte son los choferes estatales de los ómnibus urbanos. Por contrato, estos trabajan bajo un acuerdo con la administración pública. El acuerdo es el siguiente: luego de cumplir con la norma de recaudo diaria que exige la empresa, el excedente pasa al bolsillo del chofer, pero este, a su vez, está obligado a cubrir el mantenimiento del ómnibus en la mayoría de los casos.

“Es por eso exigimos que la gente pague” -dice Emilio, chofer de un P4 que cubre la ruta Habana Vieja – San Agustín. “¿Tú sabes cuánta gente monta y me dice: ‘mi hermano… estoy jodio’? Yo sé que es verdad… no les puedo decir que no. Mas los descarados que montan por atrás… o los que te echan chapitas y arandelas en la alcancía. A veces cuesta sacar los 400 pesos diarios que debemos entregarle a la empresa. Intentamos andar rápido, evitar daños o accidentes, aprovechar bien el combustible que nos dan… todo para sacar la ganancia que creemos necesaria para vivir”.

Camilo, otro de los choferes, confiesa que pone reguetón a todo volumen en su ómnibus ‘para que la gente se relaje’. Dice que mucha gente no echa el peso en la alcancía, sino que se lo da en la mano, por solidaridad. “Saben que un chofer de guagua también es gente necesitada y nosotros, claro, los aceptamos gustosos… pero, bueno, muchas veces tenemos que echarlo después en la alcancía para cumplir la norma de recaudación que pide la empresa”.

“Todos los días no son Santa María” -dice un chofer que pide anonimato y cubre el trayecto Víbora – Paradero de Playa. “Hay días buenos y días malos. Y con el aluvión de nuevas guaguas de estos días se nos ha puesto mala la jugada. Es cierto que no todos tienen los diez pesos para el taxi, ni los cinco pesos del taxi-bus, ni de los nuevos ómnibus articulados… entonces tienen que pagar este, que es lo mínimo. Yo, como algunos otros choferes, sellé la alcancía con cinta y hay que ponerme el dinero en la mano. Primero saco lo de la empresa, que es primordial; el resto es mi salario. Mi lucha. Aunque sé que está perdida de antemano”.