En busca de un periódico

Un cubano americano, que se marchó de Cuba siendo un niño, visitaba la isla por primera vez, luego de treinta años.

Por los primeros días de enero, me pidió, muy amablemente, detalles sobre los sucesos ocurridos en el aeropuerto de Florida el viernes 6 de enero, que dejaron un saldo de cinco muertos y una decena de heridos. El pedido se produjo luego de enterarse por mera casualidad, unos días después de ocurrir el hecho en cuestión.

Hombre leyendo el periódico. Foto: PIN
Hombre leyendo el periódico. Foto: PIN

El turista se lamentaba por la falta de información que había encontrado en este país. “Me hospedo desde hace una semana en el apartamento de mi tía y me siento como aislado del mundo. Allá, en Estados Unidos, por múltiples vías, ya sabría de los pormenores del crimen, los nombres de los muertos y, probablemente, hasta conocería la identidad del atacante. Aquí, en cambio, no logro enterarme de nada de nada”.

Me pide que le consiga un periódico del sábado, o el domingo, donde tal vez encuentre alguna noticia. Aunque intenté ayudarlo, me resultó imposible.

El periódico Granma, órgano oficial del partido comunista, se vende temprano en los estanquillos estatales a un precio de veinte centavos. Su tirada se agota rápido, en parte, por el limitado número de ejemplares que se sacan a la venta y, en parte, por la cantidad de personas que hacen largas colas desde muy temprano en la mañana para comprarlo. Sobre todo, se trata de gente de la tercera edad que los revenden a un peso y, de esa forma, se ganan el dinerito para el plato de comida. La otra forma de adquirir la prensa es por medio de una suscripción en las oficinas de correo.

Visité varias viviendas del barrio para que me prestaran uno, pero todas las personas contactadas me respondieron lo mismo: “lo cogimos para el baño”.

Basilio Pereda, vecino del barrio Mañanima en Jaimanitas, suscrito desde 1983, asegura que la prensa le ha resultado de mucha utilidad:

“Después de informarme con los sucesos nacionales y extranjeros de interés, me sirve como papel sanitario, un producto caro y casi siempre en falta. Llevo veinticuatro años recibiéndolo diariamente, sin fallas. De esta forma, me he librado del problema de la escasez por partida doble”.

Continué mi búsqueda. Fui hasta la vivienda de Luisa Rizo, retirada del sector industrial y ahora peluquera cuentapropista. Le pedí prestado el periódico del día anterior y me confesó en voz baja: “Llegaste tarde… ya fue para el baño”.

Sin desalentarme continúe mi pesquisa. Fui a la base de pesca, situada en el río Jaimanitas, con los aguerridos militantes del Partido Comunista que custodian los barcos. Hablé con Pipa, secretario del núcleo de la base, pensando que aún conservarían el Granma para eventuales consultas pero, con su característico tono risueño y bonachón, relató que en el almuerzo de ese fin de semana, habían dado picadillo enriquecido y, una mala digestión, los mandó a todos directo al baño. “El pobre periódico no llegó a la tarde”, comentó el entrevistado.

Continué las visitas a otros conocidos del pueblo y recibí la misma respuesta. Pasadas unas horas, me reuní nuevamente con el cubano americano. Le conté el fracaso de mi gestión y se echó a reír. Dijo que había escuchado hablar muchas veces sobre la escasez en Cuba y que ya la había notado en casa de su tía donde siempre faltaba algo, pero nunca pensó que ello adquiriera tales dimensiones.

“Creía que el periódico en Cuba era algo sagrado: por el nombre que lleva, por su contenido ideológico… ¡nunca imaginé que tuviera tal utilidad y tanta importancia en dicho cometido! Ahora comprendo más este país. Aquí no se desperdicia nada. Luego del servicio informativo, la prensa tiene aún otro servicio mayor… más práctico y vital”.

Él continuó riendo por un buen rato, pero no sé si esto le causa tanta gracia a los que efectivamente vivimos el día a día en Cuba.