La crisis del periodismo estatal

UN SISTEMA QUE SE HUNDE
En los últimos meses, el papel de la prensa oficial como agencia reguladora del sistema político cubano ha sido desplazado por la denominada “prensa alternativa” y sus jóvenes periodistas, formados en la universidad, que han emigrado de los medios estatales creando nuevos espacios independientes del Estado como El Estornudo, Periodismo de Barrio, El Toque y On Cuba, donde desarrollar su profesión con (un poco más de) libertad.

En los últimos congresos de la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC) se han señalado innumerables problemas de la prensa estatal. Más del 40% de esos medios son dirigidos por funcionarios del partido y no por periodistas, personajes acostumbrados a acatar las líneas del partido sin reservas, lo que ha provocado la ruptura entre la vieja guardia de reporteros comunistas y los jóvenes licenciados.

El sistema político, en esta batalla mediática, no ha vigilado que el periodismo sea verdadero periodismo. La práctica profesional del mismo en Cuba es aburrida y poco profunda; se limita a informes y triunfalismos absurdos, nada atractivos para las nuevas generaciones.

Así, si la prensa oficial asiste a su funeral no es por culpa de financiaciones extranjeras al peiodismo independiente (de corte opositor), ni de un par de medios pequeños con plantillas reducidas y políticas editoriales dispersas entre sí. Es porque los medios alternativos ofrecen, ante todo, la idea de una reforma posible, las críticas que deberían formularse cada mañana Cubadebate y Granma, si de verdad respondiesen a los intereses del pueblo, como ordena la Constitución Socialista.

Porque, seamos francos, los medios alternativos argumentan mucho de lo que ya muchos cubanos quieren escuchar. Aunque es cierto que todavía callan bastante de la otra cara de la realidad insular (parecen tener un acuerdo tácito con el gobierno según el cual no sobrepasan ciertos límites), plantean un espíritu crítico que no gusta nada al Departamento Ideológico.

LA CAÍDA EN LOS AÑOS 90
Esta crisis viene de lejos. Si bien es cierto que la prensa oficial reunió a grandes intelectuales durante la década de los 80, en los 90 se agudizó en un periodismo sin aristas ni matices, sin espacios para la discusión y sin crítica de valor social. Durante esa etapa aumentó la desvalorización de sus principales dirigentes, manifestada en la poca profesionalidad y en su escasa visión sobre el periodismo. Los filtros inteligentes desaparecieron y los periodistas eficaces fueron ubicados a las órdenes de los mediocres. Para colmo, el reportaje desapareció como género en los medios.

Así, al inicio del siglo XXI, apenas un 25% de los periodistas oficialistas en Cuba poseía un grado 12 o un nivel de técnico medio. Son estos, precisamente, los que empezaron a verse amenazados por los jóvenes graduados, quienes ahora engrosan el grupo de “los alternativos”.

EL PODER SIMBÓLICO DE LA HISTORIA
En cualquier caso, parece que el gobierno no está dispuesto a perder el espacio que acaparan estos medios alternativos. Así, en los artículos publicados en los últimos meses por Cubadebate, Granma y otros medios oficiales se aprecia una estrategia marcada por una política editorial definida: salvar la historia es el único modo de mantener el sistema.

Un monitoreo simple de la prensa estatal de los últimos meses saca a la luz titulares que marcan un retorno a la Guerra Fría: “El objetivo es destruir la Revolución”, “Quieren que olvidemos nuestra historia”, “El imperialismo pretende quitarnos todo lo que hemos logrado”, “La idea es volver a pisotear nuestra bandera”, “Buscan cambiar nuestra historia”, “¿Por qué intentan delimitar las coordenadas de nuestra utopía?”

Se apela a la psicología popular como modo de poner a la población en contra de estos nuevos medios alternativos. La nueva estrategia de propaganda oficialista en Cuba intenta jugar con un fuerte poder simbólico que aún cala en la conciencia nacional. Esos símbolos ayudan a forjar la ilusión de que el sistema es obvio y evidente, cuando en realidad descansa en el ejercicio continuado y sistemático de la aplicación de la fuerza, en un concepto de cerrar filas contra los jóvenes que emigren de los medios oficialistas y en la represión contra los independientes o activistas de la oposición.

Con esta campaña ideológica, los medios estatales buscan ganar terreno para crear aplicaciones digitales para móviles, organizarse en las redes sociales y diseñar una propaganda sentimental, capaz de reavivar la historia patria. La más reciente campaña titulada “Cuba es Nuestra”, ideada por Cubadebate es un ejemplo. El objetivo es rescatar los símbolos capaces de mover el corazón de la gente, y de paso devolver al “buen camino” a alguno de esos jóvenes extraviados, partidarios de la libertad de información.

PUNTO DE INFLEXIÓN: REPRESIÓN CONTRA LOS MEDIOS ALTERNATIVOS
El Departamento Ideológico del Partido Comunista nunca se ha encargado de reprimir a periodistas: es el Ministerio del Interior quien se ocupa de ahogar a los medios independientes vinculados a opositores, como 14 y Medio o Diario de Cuba.

Este tipo de reporteros opositores no le interesa al Departamento Ideológico. Le preocupan más los jóvenes, formados en las universidades cubanas, que engrosan los nuevos medios alternativos. A estos no se les reprime con golpes y detenciones, o al menos eso se pensaba hasta los sucesos de octubre: la detención durante tres días del Maykel González Vivero y el arresto en un hostal de otros ocho integrantes de Periodismo de Barrio mientras cubrían los daños causados por el huracán Matthew en Baracoa.

Por primera vez el aparato represivo alcanza a los medios alternativos. Los pretextos fueron amplios, pero un acápite del código penal cubano apareció como la solución inmediata, pues en Cuba, contrario a lo que se piensa, ninguna ley regula el ejercicio del periodismo. Así, el delito de “actividad económica ilícita” parece ser la nueva fórmula para controlar la información, bajo el pretexto de no pagar las deudas a la Organización Nacional Tributaria.

LA CARTA DE SANTA CLARA
Antes de las detenciones de finales de octubre, durante el verano de 2016, explotó la llamada “Carta de Santa Clara”. Divulgada por Javier Simoni, periodista de Diario de Cuba, la carta se había mantenido oculta durante casi un mes por el fuerte cerco que se tendió a su alrededor.

El documento fue elaborado por el Comité de Base de la Unión de Jóvenes Comunistas del periódico oficialista Vanguardia, de Santa Clara, y leído en un pleno provincial de la UPEC en esa ciudad frente a Alfonso Borges, jefe del Departamento Ideológico. Entre otras demandas, los jóvenes reclamaban el fin de la censura oficial y la persecución política a la que son sometidos los oficialistas más críticos. Mostraron, además, la separación vigente entre la teoría de la universidad y la práctica profesional en los medios.

La protesta de Santa Clara arremete contra todo el andamiaje de la censura. Y ello sucedió dentro de la misma estructura estatal y con argumentos irrebatibles. Por eso dolió tanto. Por eso causó tanta polé- mica. Y por eso Borges hizo lo imposible por mantener la reunión en secreto. La Carta de Santa Clara desató la represión en el sistema oficial. Uno de los más afectados ha sido el ex reportero de la emisora de radio de Sagua la Grande, Maikel González Vivero. Él fue despedido de su puesto de trabajo en agosto por colaborar con medios alternativos. Maikel y su novio Carlos Alejandro Rodríguez, uno de los redactores de la Carta, han sido duramente perseguidos. Maykel acudió al sistema legal cubano y aun con pruebas irrefutables de su inocencia fue despedido, en franca violación al Código de Trabajo de la República.

"Un solo camino" por Iris Mariño
“Un solo camino” por Iris Mariño