Un nuevo derrumbe en La Habana

La calle Campanario en su intersección con Estrella permanece obstruida al tráfico vehicular desde hace unos días debido a la acumulación de escombros, producto del derrumbe espontáneo de una edificación que ya superaba los cien años.

Derrumbe en la calle Campanario / foto del autor
Derrumbe en la calle Campanario / foto del autor

Es sabido que al salir el sol después de los aguaceros, el calentamiento termina resquebrajando las estructuras, sobreviene el desastre e inmediatamente después aparecen los llamados “escombreadores” que aprovechan el material depositado en la calle.

En primer lugar, se hacen con el recebo -la arenilla producto del derrumbe- utilizado en la mezcla con cemento y muy estimado en las nuevas construcciones, por cierto. En segundo lugar, reúnen los ladrillos antiguos enteros, hoy altamente valorados debido a la carencia de materiales en general. En tercer lugar, recolectan las vigas todavía resistentes que ya desde antaño soportaban todo tipo de estructuras.

Unos pierden y otros ganan. Los pobres viejos que allí vivían y que de ahora en más estarán hasta su muerte en un albergue, y los oportunistas que luego venden a 50 pesos el saco de recebo, respectivamente.

En Oriente tiembla la tierra, en La Habana los edificios caen sin siquiera esperar sacudida alguna. Los testimonios lo prueban: durante los últimos seis meses se vinieron abajo otras dos edificaciones de la calle Campanario. Hace tres años, dos comerciantes de materiales de construcción fueron rescatados, muertos, de un derrumbe en la esquina de Infanta y Salud cuando, tras un colapso parcial, llego el definitivo en la madrugada.

Por lo pronto, no hay tránsito para vehículo alguno en la calle Campanario y los escombreadores persistirán en su faena, intentando hacerse unos pesos a cualquier riesgo. De paso harán el favor de eliminar casi todo el material allí vertido.

Sigue temblando la tierra y, con o sin ello, no cesan los derrumbes.