¿Qué nos deparan los próximos meses?

Simonne paseó por La Habana para preguntar la situación de algunas mujeres de la zona y de personas que trabajaban en actividades relacionadas con el turismo.

“El cierre de frontera y la baja inmediata del turismo ha sido un desastre para nuestros bolsillos, por suerte, solicité la suspensión temporal de la licencia” -me cuenta Odalis, quien es arrendadora de dos apartamentos solo para alquiler de extranjeros-. Según me cuenta, ya está ocupando la reserva de comida que tenía para la renta y también está afectando a su cuenta bancaria, pues no tiene otra entrada de dinero.

Alicia tiene una bebé de 8 meses y su madre la echó de su casa en medio de una crisis de estrés. Le destrozó el teléfono y tiró todas sus cosas a la calle, ahora vive en un alquiler provisional que aún no sabe cómo van a pagar porque su esposo quedó sin trabajo producto de la pandemia.

El caso de Carmen me ha impactado. Carmen tiene a su madre operada de una tumoración cerebral y en medio de la crisis no consigue jabón, pañales o medicamentos, incluso conseguir el balón de oxígeno se le ha hecho imposible.

El abastecimiento ya estaba afectado antes de llegar el COVID-19, este fenómeno vino a acrecentar más las carencias de alimentos y de productos de aseo general. “Yo alquilo a extranjeros, ahora estoy vendiendo ron y cigarros para sobrevivir. Mi hija trabajaba en una cafetería y todavía mantiene los contactos que me proporcionan los productos para vender” – me cuenta Laura con un poco de resignación.

 

Juan conduce un bici-taxi y ya siente la falta de pedaleo y de ganancias. Cuenta que a pesar de no ser el dueño del bici-taxi, cada día tenía un dinerito para comprar la comida y sus cigarros. Ahora va de cuadra en cuadra recogiendo botellas para venderlas a las pequeñas industrias particulares que todavía funcionan. Me cuenta Lucía cómo a veces quisiera salir corriendo. Tiene a sus padres con alzhéimer y debe equilibrar sus emociones y sus necesidades. “A veces deseo morir” – cuenta llorando.

Hay días en que no tenemos fluido eléctrico en todo el día, en otras ocasiones, al contrario, nos cortan la electricidad en plena madrugada mientras el calor es insoportable y los mosquitos se dan banquetes con nosotros. Hay comunidades donde el agua es un lujo, a veces hay que salir a cargarla y casi siempre es la mujer quien se encarga, mientras el hombre espera en el sillón el preciado líquido para bañarse.

Los que mejor están pasando estos momentos de parálisis total son aquellas familias que reciben remesas, comida y recargas de teléfono del exterior. Los otros, los cubanos de a pie, no sabemos hasta cuándo podremos resistir. Son muchos y diversos los casos de la terrible situación en que vive el cubano hoy en día: casas en mal estado a punto de derrumbe, híper población de los hogares generando conflictos entre los integrantes de la familia, largas colas para conseguir algún alimento y aseo, precios súper inflados de los productos básicos… La pregunta que gira en el aire a la espera de respuestas es: ¿Qué nos deparan los próximos meses?

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