Sin solución con los transportes

Elvira tiene 80 años y reside en el barrio Romerillo del municipio Playa. Dos veces por semana visita a su hija en Centro Habana y cuenta que es una contienda lidiar con el transporte público.

La anciana Elvira intentando subir al microbus. Foto: Yunia Figueredo
La cola para subir al microbus de Playa. Foto: Yunia Figueredo

“Mi hija trabaja en su casa cuidando niños. Tengo que llevarle los mandados de la bodega porque Vivienda Municipal no le ha dado aún la propiedad ni la libreta, y me toma el día entero en ir a llevárselos. Con mi edad no puedo subirme a una guagua, tengo que esperar obligatoriamente un microbús de la Cooperativa que cuesta 5 pesos, porque los ‘boteros’ piden 20 pesos y mi pensión no me da para tanto. El problema es que esos microbuses demoran una eternidad en pasar”.

Hace 5 años, el gobierno autorizó la creación de Cooperativas de transporte, como una solución a la difícil situación de disponibilidad de ómnibus y taxis. También con el objetivo de combatir a los boteros (autos americanos de los años cincuenta que cubren rutas especificas por toda La Habana). Pero las esperanzas que este experimento resolvería la crisis en el transporte se ha venido abajo.

Carlos Gainza, chofer de un microbús del recorrido entre Playa y Centro Habana, conoce a Elvira de sus tantos viajes y explica que esta ruta de Playa es la menos favorecida por las Cooperativas, porque los pasajeros por lo general realizan el trayecto completo y ofrecen poca ganancia a los choferes.

“No sucede igual con la ruta que va hasta Marianao o las que van a San Agustín y Santiago de Las Vegas, donde abundan los pasajes de tramos cortos que reportan mayores dividendos. Si un chofer hace poco dinero en un día, entonces se ve apretado para pagar el impuesto, el combustible, el mantenimiento o las piezas de repuesto”.

Interrogado por los precios de las piezas de repuestos y los accesorios, Carlos Gainza exclama:

“¡Inauditos! Porque estos vehículos ni siquiera son nuestros, son arrendados al Estado y en mucho han consumido su vida útil. El mío, que es uno de los mejores de la Cooperativa, tenía 547 mil kilómetros recorridos cuando me lo entregaron. Tuve que cambiarle los rodamientos delanteros y chapistearlo. El dinero del arreglo salió de mi bolsillo. Tuve que trabajar doble jornada durante meses para recuperar aquella inversión”.

En Cuba no existe un mercado mayorista para la venta de piezas y accesorios, ni talleres que se encarguen del mantenimiento de los vehículos de las Cooperativas. Los cuentapropistas del transporte tienen que acudir al mercado negro para solucionar las roturas y seguir trabajando. Samuel, chofer de la ruta Centro Habana – Marianao, dice que tiene temporadas donde saca buena ganancia, pero cuando se rompe su vehículo y tiene que desembolsarlo todo en el arreglo, descubre que su trabajo no es más que una estafa solapada.

“El reglamento de las Cooperativas fue impuesto por el Estado”, dice Samuel, “nosotros no tuvimos ni voz ni voto en el proyecto. En cada Cooperativa existe un presidente que debería defender nuestros derechos pero, como sucede con el Estado, se convirtió poco a poco en pura administración, partido y sindicato. Hace rato que nos vienen diciendo que van a instaurar un mercado mayorista, pero es solo otra mentira más, para dormirnos y seguir exprimiéndonos. A veces he llegado a pensar que el mercado negro es el propio Estado”.

Magda, una de las pocas mujeres en La Habana que conduce un microbús de la Cooperativa, dice que le ha ido mejor desde que suprimió al conductor.

“Ya con lo que abono al Estado es suficiente. Y tengo suerte que mi vehículo cuenta con buen aire acondicionado porque el contrato exige que debe funcionar en forma óptima. Cuando se daña, los choferes deben acudir a los mecánicos particulares que cobran un ojo de la cara, porque el Estado tampoco brinda ese servicio”.

Según Magda, las calles deterioradas y los baches son uno de los factores que influyen más negativamente en la buena gestión del transporte cooperativo.

“Pero también las falsas promesas. Nos dijeron que el litro de combustible lo iban a poner a 2 pesos. La pregunta es cuándo eso va a cambiar. El presidente de mi cooperativa tampoco quiere realizar elecciones como establece el reglamento. Con cara de fresco nos dijo en la última reunión que para qué. Nadie quiere ese cargo. Además de chivatón hay que ser militante del Partido y ningún chofer está para eso. Nuestra meta es no rompernos porque ahí sí que entonces la cosa se nos pone mala”.

La anciana Elvira, que lleva dos horas bajo el sol en la cola del parque El Curita, ve llegar por fin un microbús de la ruta Playa, pero la gente se abalanza hacia la puerta y casi la aplasta. Otro mal social sin solución en Cuba: la falta de solidaridad y respeto hacia las personas de la tercera edad.

“Esperaré el próximo microbús”, dice resignada. “Total, hace años que me acostumbré al desorden en el que se vive constantemente en Cuba”.

Autor

Bibliotecaria y periodista independiente. Palma Soriano 1980. Es directora de la Biblioteca Comunitaria Juan Francisco Manzano, de Jaimanitas. En 2014 se graduó en el curso de periodismo organizado por la Sección de Intereses de los Estados Unidos en La Habana. Fue Coordinadora Nacional de la Red de Bibliotecas Comunitarias para la región oriental y ha publicado artículos y reportajes en las páginas Misceláneas de Cuba, Primavera Digital y Diario de Cuba.

Leave a comment