Editorial: Violencia sin marcas

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La represión en Cuba funciona de una manera que a veces no es fácil de entender para las personas que no están en contacto directo con ella o con la gente que la sufre.

Cuba ha conseguido crearse una imagen internacional de país social, preocupado por la vida de las personas. Ha promocionado de manera continuada sus progresos en cuanto a salud y educación públicas que, si bien son innegables, no bastan para comprender la situación de los derechos humanos en la isla.

Parte del problema es que estas garantías sociales no son concebidas como derechos de la ciudadanía, sino como regalos, ofrecidos generosamente por un gobierno que igual que los da los puede quitar. Así, en contrapartida a esos regalos, las personas tienen que comportarse correctamente, y eso significa seguir las instrucciones del gobierno y no pasarse de los límites establecidos. Por supuesto, estos límites no siempre están claros, ni son los mismos para todas las personas, y se justifican argumentando que Cuba es un país en guerra contra el imperialismo, en continua necesidad de defenderse, por lo que hay que controlar las libertades individuales en el país.

Artistas y periodistas independientes suelen estar en el foco del gobierno, así como personas que desarrollan proyectos de forma autónoma, sin pertenecer a ninguna institución. En un país donde no hay libertad de asociación, cualquier iniciativa de reunión o acción conjunta puede ser vista como peligrosa para la nación, independientemente de su contenido.

En Cuba, por lo general, no hay casos de personas asesinadas o desaparecidas por sus actividades políticas y hace años que no se encierra a la gente en la cárcel largos periodos de tiempo por pensar diferente. Sin embargo, la vida puede ser muy difícil para aquellas personas que deciden salirse del camino oficial, que deciden opinar o actuar de manera independiente.

Este nuevo número de Rewriting Cuba trata de explicar, a través de los testimonios de algunos hombres y mujeres afectados, cómo funcionan las herramientas de control social del gobierno cubano y las consecuencias psicológicas que producen en las personas.

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Autor

Agnes Koleman has been traveling to Cuba since 1997. She is a big admirer of Cuban and Cuban people and hopes one day soon they will have a democratic government.

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